Si partimos de que un argumento será aquella expresión gramática formal de un juicio lógico, decimos entonces, que la argumentación será la variedad discursiva por medio de la que se pretenden entre otras cosas: brindar razones correctas, llegar a conclusiones lógicas, ordenar metodológicamente un discurso que en nuestra materia será jurídico, probar una proposición o razonamiento lógico, etc.

Por tanto, la argumentación será aquella disciplina que contempla un arte, el arte de la persuasión, misma que tiene por objeto concentrarse en el contenido de la probación de un discurso.

Robert Alexy dice, que la argumentación jurídica la debemos concebir como “una actividad lingüística que tiene lugar en situaciones tan diferentes como, por ejemplo, el proceso y la discusión científico jurídica. De lo que se trata en esta actividad lingüística es de la corrección de los enunciados normativos, en un sentido todavía por precisar. Será conveniente designar tal actividad como “discurso”, y, puesto que se trata de la corrección de enunciados normativos, como “discurso práctico”. El discurso jurídico es un caso especial del discurso práctico en general”.[1]


[1] SUÁREZ Romero y CONDE Gaxiola, Napoleón, Argumentación Jurídica, Cuadernos de Trabajo [Seminario de Filosofía del Derecho], UNAM-Facultad de Derecho, México, 2009, p. 10.

Por otro lado, otra variedad discursiva a destacar es la retórica, cabe mencionar que en tiempos remotos la retórica y la argumentación tenían un mismo significado para los griegos.

La retórica se puede entender como el antecedente de la Teoría de la Literatura, es decir, es aquella categorización de recursos elocutivos responsables de una expresión poética propio del arte verbal.[1]

La retórica entonces será aquella forma bella de llevar un discurso, esto nos aleja de la comunicación como objeto de la argumentación, porque los discursos o argumentos retóricos la mayoría de las veces son discursos vacíos, bellos en su forma pero faltos de contenido.

Debe estarse claro, de que no siempre los argumentos tendrán implícitos la verdad puesto que existen diferentes formas o modelos de argumentación que también pueden ser falsos como el sofisma, que se toma como un argumento que defiende y persuade razones falsas o la falacia, que será aquella mentira o engaño que tiene como objetivo primordial el dañar a una persona.

En fin, no importa desde que punto lo queramos tomar, el arte de argumentar es una tarea diaria para cualquier persona, pero es una tarea difícil para aquellas personas que deben emplear estas herramientas con el fin de convencer a los juzgadores para salvaguardar los intereses de otros.