Hablar de Argumentación Jurídica es sumamente complicado, toda vez que existen varias teorías que nos presentan distintos esquemas de soluciones; es por ello que en esta ocasión hablaremos de dos teorías base en primer lugar, la Teoría de Manuel Atienza y Chaim Perelman.

Atienza parte de una estructura lógica compuesta por el emisor, mensaje y receptor; señalando características debe cubrir el mensaje, tal es el caso que dicho mensaje deberá ser racionalmente aceptable a través de un silogismo (razonamiento), en el cual el emisor del mensaje fundará y motivará sus decisiones. Traducido entonces, en razón y argumentación

En este orden de ideas, recordemos que Manuel Atienza destaca en su obra la importancia y tarea del operador jurídico, donde brinda una perspectiva que permite entender y destacar aspectos jurídicos, en la que es indispensable la argumentación jurídica centrada en el discurso justificativo de los jueces.

Por tanto, el mensaje debe tener un sustento (solidez y contundencia), para que pueda ser persuasivo; es necesario diferenciar este sustento de un argumento de autoridad, puesto que no guiamos su aceptación y/o validez por quien lo diga, sino, el soporte contenido en la fundamentación (aplicación exacta o literal de las normas)  y motivación (explicación de la vinculación existente entre los hechos determinados y su valoración de acuerdo a la decisión tomada) del propio mensaje.

Por otro lado, la Teoría de Perelman, brinda mayor importancia al receptor o auditorio al que va dirigido dicho mensaje, puesto que el fin u objetivo primordial será la persuasión y/o adhesión de las personas a las que va dirigido. Haciendo una diferencia plena del auditorio, primeramente refiriéndose a un auditorio universal, mismo que será aquella sociedad general, donde su adhesión se busca a través el convencimiento; y en un segundo plano un auditorio particular, referido a un auditorio establecido y delimitado, en el cual el mensaje sea transmitido en el mismo código intentando su adhesión por medio de la persuasión, es decir, totalmente volutivo.