La perspectiva argumentativa permite entender diversificadamente aspectos, tanto del Derecho como de la teoría jurídica.

Manuel Atienza a lo largo de su obra nos va desmembrando a través de diversos autores el sentido que se le da a la argumentación jurídica. Primeramente hace hincapié en la lógica formal entendida como argumentos, encadenamientos propositivos que nos llevan a una inmersión de los silogismos, con el fin último de persuasión.

Contraponiendo consecuentemente el formalismo jurídico a una concepción pragmática del Derecho, dando mayor auge a la experiencia. Nos dice el autor, que Robert Alexy aclara los procesos de interpretación y aplicación del Derecho, ofreciendo una guía centrada en un discurso jurídico justificado, es decir, partiendo de la actividad de los juristas, ofrece fundamento y motivación a sus decisiones.

Asimismo, determina cinco factores que explican la argumentación jurídica, iniciando con el interés de conocimiento (naturaleza teórica), construyendo teorías jurídicas mas completas. El segundo siendo de orden práctico; la práctica del Derecho desde la perspectiva de un jurista, siendo juez o abogado, esta, constituye un núcleo de enseñanza, brindando una forma distinta de fundamentación a través de preguntas o motivaciones en sentencias judiciales que forman parte de la decisión final.

Como tercer factor encontramos la transición de un Estado legislativo a un Estado constitucional, teniendo como características esenciales, que la Constitución contenga: a) distribución formal del poder, b) derechos fundamentales limitantes y condicionados en la interpretación y aplicación del Derecho y c) mecanismos de control constitucional.

El cuarto toma como base la pedagogía, traducido en una enseñanza encaminada al manejo esencial del material jurídico empleado en el argumento, es decir, yendo al pensamiento y resolución de los expertos, potencializando los elementos retóricos para que nuestro argumento sea éticamente aceptable.

Quinto y último factor pero no menos importante, la política, a través de una democracia, tomado como un sistema de gobierno donde se encuentra el espacio adecuado y amplio para un argumento o discurso jurídico.

En otro orden de ideas el Derecho es manejado desde tres concepciones distintas, según su elemento característico, normativo, conductista y valorativo. Dependiendo de la práctica judicial, es decir, dependerá de las razones expuestas en el caso concreto que empleara el argumento. El autor nos remite a Friedman, que toma dos perspectivas: sistema cerrado, donde las decisiones sólo pueden considerar como premisas de las mismas proposiciones del derecho y sistema abierto, no hay limites, la premisa o proposición carecerá de alguna distinción.

Ahora bien, el formalismo jurídico es otro de los temas tratantes en este ejemplar, considerando al positivismo jurídico como el limitante del poder de los intérpretes y aplicadores. Los formalistas por tanto rehúyen a la teoría argumentativa, puesto que basan sus decisiones en una lógica deductiva, traducida en un silogismo judicial.

Dentro del recuento de las etapas del derecho encontramos el positivismo normativista (aplicación del derecho y del razonamiento jurídico); el realismo jurídico (construcción social, la argumentación toma importancia en el relato de los hechos); el iusnaturalismo (determina la esencia del derecho explicando la conexión entre el orden jurídico y el orden superior) [justicia]; el escepticismo jurídico (el Derecho visto como obstáculo para un cambio social, se busca su sustitución cuando recae en el marxismo), la argumentación se coloca en la política, la retórica toma mayor importancia.